U sayabna’atil ts’óon tu mejen kaajil Yucatán. La sabiduría de la cacería en las comunidades de Yucatán.

12 mayo, 2026

Hay conocimientos que no se escriben, se escuchan. Se aprenden caminando entre la hojarasca, bajo la sombra de los árboles antiguos y al calor de las historias que los viejos cazadores compartían al caer la tarde.
En este reportaje, Don Prisciliano nos presta sus recuerdos para entender la cacería tradicional maya no como un acto de fuerza, sino como un vínculo sagrado de respeto y observación. A través de sus relatos, el monte cobra vida y nos revela sus secretos más profundos.

Te invitamos a cerrar los ojos y escuchar este testimonio en lengua maya. Es la voz de la historia, el susurro del monte que se niega a ser olvidado.

El sonido que engaña al tiempo
Don Priciliano nos cuenta que el cazador debe ser un artista del sonido. No basta con estar ahí; hay que saber llamar.
• El silbido, ese arte casi perdido que imita a la perdiz y al pavo de monte, requiere una precisión que solo los abuelos poseían.

• El ingenio de unir la tierra y el animal: un cuerno de toro y un caparazón de tortuga que, al frotarse, imitan el llanto de una cría de venado, un lamento que viaja por la selva despertando el instinto de protección de los adultos.

Los misterios de la fortuna
Para el wíinik (el hombre), la suerte es un regalo frágil que el monte otorga y también puede retirar.
• Está la Piedra del Venado, un amuleto silencioso que guía los pasos, pero que exige discreción absoluta: si otros la ven, el encanto se rompe.
• El asombroso relato del gusano en la nariz del venado, una presencia diminuta que simboliza la abundancia, pero que demanda un compromiso de sangre para mantener viva la fortuna.
• Incluso un cuerno hallado en el camino se convierte en un contrato: quien lo encuentra, lo lleva consigo como una llave que abre las puertas de la selva en cada jornada.

El respeto detrás del rastro
Más allá de las herramientas y los amuletos, lo que Don Prisciliano nos hereda es una lección de ética comunitaria. En el mundo maya, no se caza por cazar. Se caza entendiendo que somos parte de un todo, que cada animal merece respeto y que el monte es un templo que solo se abre para quien sabe observar y escuchar.

Una idea y producción de Jaime Caamal Puc.

 

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