Kanaanta Winkilil: cuando las juventudes mayas deciden hablar de su cuerpo

14 septiembre, 2026

Radio Tuklik visita a la colectiva de Chunjujub y Poolyuc, Quintana Roo, que ha convertido la educación sexual en un ejercicio de autonomía juvenil

Hay una casa comunitaria, acondicionada con paciencia y con pocos recursos, en la microregión que comparten Chunjujub y Poolyuc, Quintana Roo. Ahí, un grupo de jóvenes decidió hace tiempo que el silencio no iba a seguir educando a sus comunidades. Se llaman Kanaanta Winkilil, y su apuesta es tan sencilla como incómoda para muchos: hablar de sexualidad, de cuerpo, de derechos, sin esperar el permiso de nadie más.

Hasta ese espacio llegó, el pasado 4 de septiembre, la corresponsalía de Radio Tuklik integrada por Enny Ac, Favián Pool, Jaime Caamal y Alfredo Cetina, con un propósito claro: visibilizar el Día de la Educación Sexual desde la voz de quienes la están construyendo todos los días en los centros educativos de secundaria y bachillerato de la zona.

Nombrar lo que cuesta nombrar

La colectiva nació como una respuesta directa a un vacío evidente. Roxana, Ariadne, Carlos, Litzi y Alan, integrantes de Kanaanta Winkilil, comentaron que cuando un grupo de mujeres jóvenes decide sentarse frente a otras juventudes y hablar de sexualidad, la dificultad no está solo en el tema: está en quién tiene permitido hablar de él. Kanaanta Winkilil recuerda con claridad ese primer tramo del camino, cuando ser mujeres jóvenes abordando la sexualidad representaba, en sí mismo, un cuestionamiento comunitario que no tenían todavía una estrategia clara para enfrentar.

Integrantes de Radio Tuklik visitaron a integrantes de la colectiva Kanaanta Winkilil, en Chunjujub, Q.Roo.

Fueron aprendiendo sobre la marcha. Fueron, sobre todo, insistiendo. Porque detrás de la incomodidad inicial hay una convicción que sostiene todo el proyecto: la educación sexual y reproductiva es un derecho de salud e integridad, no un privilegio que se otorga cuando la comunidad lo autoriza.

Talleres que hablan de la vida completa

Lejos de reducirse a una clase sobre reproducción, los talleres de Kanaanta Winkilil abren una conversación mucho más amplia: relaciones, amistades, salud reproductiva, cuidado del cuerpo. En el camino, desmontan mitos que siguen circulando en las aulas y en las casas —incluido el que sostiene que no hay riesgo de embarazo durante la menstruación— y disputan, con paciencia, el terreno del llamado adultocentrismo: esa idea instalada de que la salud solo puede hablarse desde profesionales y que la sexualidad solo puede enseñarse desde el profesorado.

Frente a esa lógica, la colectiva ha optado por otra: que sean las propias juventudes quienes se acompañen entre sí. Poco a poco, ese acompañamiento ha ido ensanchando su alcance. Ya no solo llegan más jóvenes a los talleres; también empiezan a sumarse infancias que exploran, desde edades tempranas, una idea que a la colectiva le interesa dejar clara: la educación sexual no se agota en la genitalidad ni en el acto sexual, sino que empieza por conocer y cuidar el propio cuerpo.

 

El derecho a organizarse desde la juventud maya

Lo que ocurre en Chunjujub y Poolyuc no es solo un programa de educación sexual: es un ejercicio de organización juvenil que se sostiene a sí mismo, desde y para las comunidades mayas de la Península. Kanaanta Winkilil no espera a que una institución externa llegue a resolver un vacío; lo asume como propio, lo adapta a su contexto y lo defiende frente a las resistencias que encuentra en el camino.

Ese es, quizá, el núcleo más importante de esta historia: el derecho de las juventudes mayas a organizarse, a nombrar sus propias necesidades y a construir, con sus propias manos y voces, las respuestas que su comunidad necesita. No se trata de esperar que alguien más hable por ellas. Se trata de tomar la palabra.

Un encuentro que se aprende entre pares

La visita de Radio Tuklik a Kanaanta Winkilil fue, en ese sentido, mucho más que una cobertura periodística. Fue un encuentro entre dos agrupaciones comunitarias que se reconocieron en un mismo horizonte: sumar sinergias, compartir aprendizajes y contribuir, desde la mirada de las comunidades mayas de la Península, a un mundo más justo.

Ahí donde el silencio pesaba, hoy hay una casa comunitaria llena de voces jóvenes. Y esas voces, cada vez con más fuerza, están decidiendo por sí mismas de qué se habla y quién tiene derecho a hablarlo.

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